¿Cómo se define el dolor crónico?


La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP por sus siglas en ingles) define dela formas más ampliamente aceptada, qué es el dolor:

"El dolor es una experiencia sensorial o emocional desagradable asociada a un daño real o potencial en un tejido, o descrito en términos de dicho daño."1

Así pues, el dolor agudo forma parte de un sistema protector del organismo. Actúa como una señal de alarma ante un daño presente o inminente. En este sentido, el dolor desempeña una importante función para preservar o restaurar la integridad física2.

No obstante, en ocasiones también se puede experimentar dolor en ausencia de un daño tisular, e incluso, su intensidad puede no ser proporcional con el daño original.

Bibliografía
1 IASP, 1994
2 Coda BA, Bonica JJ. General considerations of acute pain. Loeser JD, Butler SH, Chapman CR, Turk

 

Conozca más sobre el dolor crónico

El reto del dolor cónico

Se considera dolor crónico a aquel que dura más de 3 o 6 meses, dependiendo del criterio de las diferentes sociedades científicas. Este tipo de dolor conlleva un reto terapéutico especial. Se estima que la prevalencia de dolor crónico en las poblaciones europeas es de alrededor  del 20%, siendo el dolor lumbar la causa principal de dolor crónico moderado a intenso1.

El dolor crónico es un problema multifactorial que incluye componentes tanto físicos como psicológicos, como ansiedad, movilidad reducida, alteraciones del sueño y del apetito y depresión2. Estos síntomas están relacionados con una reducción demostrable de la calidad de vida de los pacientes y a una limitación de su desempeño laboral y de la función social3 y requieren del uso frecuente de recursos sanitarios, todo lo cual contribuye a generar una carga socioeconómica importante4. En concreto, el dolor y la discapacidad asociada a los trastornos musculoesqueléticos tienen un efecto negativo sobre la calidad de vida y constituye una de las principales causas de absentismo laboral5.

La carga económica y social del dolor crónico intenso se deriva tanto de los costes directos inherentes como de los costes indirectos. Debido a su elevada prevalencia e impacto sobre los pacientes y la sociedad, el dolor crónico no oncológico debe ser reconocido como un problema sanitario importante.

Bibliografía:
1 Breivik H et al.: Survey of chronic pain in Europe: prevalence, impact on daily life, and treatment. Eur J Pain. 2006; 10:287-333.
2 Becker N et al.: Pain epideliology and health related quality of life in chronic non-malignant pain patients referred to a Danish multidisciplinary pain center. Pain. 1997; 79:393-400.
3 McDermontt AM et al.: The burden of neuropathic pain: results from a cross-sectional survey. Eur J Pain. 2006; 10:127-135.
4 Dunn KM, Croft PR. Epidemiology and natural history of low back pain. Eur Medicophys. 2004; 40: 9-13.
5 Carmona L et al.: The burden of musculoskeletal diseases in the general population of Spain: results from a national survey. Ann Rheum Dis. 2001; 60 (11): 1040-1045.

 

Dolor crónico: una enfermedad en sí mismo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el dolor como un importante problema de salud pública mundial. En 2007 la OMS identificó la necesidad de un tratamiento mejorado y estandarizado del dolor crónico (tanto maligno como no maligno) y del dolor agudo2.

Debe señalarse que el dolor es más que simplemente un síntoma. Es una comorbilidad grave que afecta e influye en las respuestas de los pacientes al tratamiento médico y quirúrgico, con consecuencias tanto sobre la evolución clínica como sobre la calidad de vida.

Debe considerarse que el dolor crónico y recurrente es una enfermedad en sí mismo y plantea consecuencias sanitarias específicas1. Se piensa que aproximadamente la cuarta parte de los europeos sufren enfermedades con dolor crónico3.

El médico que trata al paciente con dolor crónico debe reconocer que el dolor crónico es multifactorial; el dolor crónico supone la interacción de factores físicos, psicológicos y sociales. En consecuencia, los planes de tratamiento se deben desarrollar sobre la base de una buena comunicación médico-paciente y con objetivos acordados conjuntamente que tengan en consideración las características del dolor del paciente, así como sus necesidades físicas y psicosociales.

 

 

Bibliografía
1 IASP, 1994. Part III: (pp 209-214). Classification of Chronic Pain, Second Edition, IASP Task Force on Taxonomy, edited by H. Merskey and N. Bogduk, ISAP Press, Seattle, 1994. http://www.iasp-pain.org.
2 WHO Normative Guidelines on Pain Management. June 2007. http://www.who.int/medicines/areas/quality_safety/delphi_study_pain_guidelines.pdf.
3 European Commission Health in the European Union: Special EUROBAROMETER 272, 2007. http://ec.europa.eu/health/ph_publication/eb_health_en.pdf